Christopher Hitchens
pasa revista a los diez mandamientos armado de un cincel. Los
mandamientos habrán sido escritos en piedra pero les urge trabajo de
editor. Necesitamos mandamientos para poner orden en un mundo poblado
por genocidas, pederastas y teléfonos celulares. En Vanity Fair revisa uno
por uno los mandamientos. El décimo, por cierto, es la invención del
crimen de pensamiento. A pesar de que hay quien quiere que los
mandamientos se inserten en los tribunales como guía intemporal de
justicia, es claro que las órdenes no pasan la prueba del tiempo. Ética
de nómadas cuya riqueza son propiedades y personas.

¿Qué hacer con los mandamientos? Los primeros tres, de obvia
naturaleza dictatorial, deben desaparecer. No parece muy razonable que
el miedo a un personaje todopoderoso sea fundamento ético. Honrar al
padre está bien pero requiere el complemento: cuidarás a los menores.
Los mandamientos octavo y noveno son impecables: No robarás;  no
levantarás falso testimonio. El código de Hitchens (un poco editado) se
sintetiza así:

  • No maldigas a nadie por su raza o su color.
  • No uses a nadie como propiedad.
  • Detesta a quienes usen la violencia o la amenaza para obtener placer.
  • Nunca lastimes a un niño.
  • No maldigas a nadie por su naturaleza.
  • Apaga tu puto celular.
  • Renuncia a cualquier dios que te llame a desoír estos mandamientos.