Termina la Copa del Mundo Sudáfrica 2010 y, sumergido en el recuento
de los daños, me sorprendo a mí mismo al entender que para Brasil 2014
habré superado la barrera de los treinta años. Golpe directo al estado
de ánimo. Se va consumando la tradicional derrota humana contra el
tiempo. No soy el de antes. Hace poco más de ocho años era un
adolescente aficionado al futbol. A partir de Alemania 2006, me ha
tocado cubrir el Mundial con el sueño cumplido de ser un periodista en
un portal líder y con una independencia editorial envidiable para
cualquiera. Mucho ha cambiado, pero sigo terminando, cada vez con menor
convencimiento, con la afirmación de que el éxito llegará en cuatro
años.

Con la cuenta regresiva a una considerable distancia de alcanzar el
inicio de Brasil 2014, me atrevo a volver a pensarlo. Cuando tenía 11
años, lloré con la derrota y me dí ánimos pronosticando que en Francia
2008 llegaría la grande para México. A los 15, acabé derramando lágrimas
de frustración ante la falla de Hernández. También concluí que para el
2002 sería la buena. A los 19, acabé con muy poca convicción. Perder
contra Estados Unidos me llevó a no querer saber de futbol durante dos
días, demasiado tiempo para un adicto a la actividad balompédica. En
Alemania 2006, ya como parte de Medio Tiempo, me tocó vivir el disparo
de Maxi Rodríguez en la redacción y acabé con el mismo desconsuelo de
siempre y con la gastada esperanza de antaño. Llámenme optimista, ciego o
demasiado apasionado comopara darme cuenta de que nuestras máximas
glorias consistirán en seguir escribiendo primeras fases de éxito
moderado,

pero considero que existen las bases para que la de Brasil 2014 sea una de las ediciones más exitosas para la historia de nuestro
balompié.

En el pronóstico arriba mencionado, he de reconocerlo, convive el
deseo aficionado de gloria con argumentos válidos y que comparto con
ustedes. La Volpe se equivocó al asegurar que el título de la Sub17 no
iba a representar un progreso para México. Ese hecho permitió que varios
de aquellos monarcas gozaran de su primera experiencia mundialista a
corta edad, que saltaran al futbol del Viejo Continente y que abrieran
los ojos, aunque no totalmente, de los técnicos y directivos del futbol
mexicano. Si la Selección que participó en este Mundial lucía un tanto
inexperta, salvo por la presencia de unos cuantos veteranos, la que
tendría que actuar en Brasil 2014 lucirá como una representación con
bagaje internacional, con alta competencia y con una mentalidad que al
menos en una ocasión fue capaz de romper con todos los males de nuestro
futbol.

Internet no perdona. Si en 4 años resulta que me he vuelto a
equivocar, estará vivo este post para que me lo recuerden cada que lo
deseen. Sé que pensar en el futuro es de lo más desesperante cuando
siempre hemos vivido con esa esperanza. Sin embargo, pienso que vale la
pena y que existe el material humano suficiente para considerar que
aquellas canchas que tanto nos atemorizaban en los cincuentas, acabarán
convirtiéndose en los escenarios en que México alcance instancias
insospechadas o en los que, al menos, se acceda a los cuartos de final.