Un investigador de la innovadora compañía 3M, Spencer Silver, estaba buscando un nuevo adhesivo potente, en su búsqueda encontró uno débil al que no pudo encontrarle utilidad. A un colega de él, Arthur Fry, mientras hojeaba un himnario del coro de su iglesia se le ocurrió usar aquel adhesivo para crear unos marcapáginas. En 1977 se estaban elaborando los primeros prototipos. Para 1981, se lanzó a la venta el producto en todo el mundo con una importante campaña publicitaria. El producto ahora es un insumo casi indispensable de cualquier oficina en el mundo. Efectivamente, estamos hablando de los ‘Post-It’, las hojitas autoadhesivas de colores (que inicialmente eran de color amarillo) de 3M. Casos de ingeniosos inventos son muy parecidos al del ‘post-it’, por lo que deberíamos tratar de descifrar la lección detrás de estos coloridos papelitos.

¿Qué lección podemos aprender del ‘Post-It’?

  • Todas las ideas son valiosas. No es buena idea, desechar una idea solo porque en ese momento parece descabellada o inútil. Las circunstancias cambian, tecnologías que no existían antes han hecho posible aplicar ideas que antes eran inalcanzables. ¿Quién se hubiera imaginado hace 20 años que podrías hacer tus transacciones bancarias en la comodidad de tu hogar usando tu computadora?
  • Las ideas ‘tontas’ con un cambio de enfoque pueden convertirse en ideas ‘brillantes’. Muchas veces lo único que se requiere es un cambio de enfoque, lo que para una persona pudiera parecer una estupidez, para otra pudiera ser la esperada idea del “¿por qué no se nos ocurrió antes?”.
  • Una idea puede impulsar a otra. Tal vez, la idea inicial en sí misma y por sí sola es en realidad inútil, pero no sabemos que puede hacer alguien más cuando la combine con otra. A esto en mis equipos les llamamos ‘ideas trampolín’.

Cuando me toca dirigir talleres (de reducción de costos, de solución de problemas, o con cualquier otro fin) donde se aplican técnicas de lluvias de ideas o ‘blitz’, procuró no ‘matar’ ideas, ni yo ni nadie del equipo. Es cierto que al final del ejercicio terminamos con un montón de ideas ‘tontas’, pero también es cierto que obtenemos resultados por encima de promedio.

En el trabajo de equipo, mantener la mente abierta a las ideas de otros, potencia la inteligencia colectiva, que finalmente es la función del moderador o el líder. Mantener este enfoque en el grupo requiere aplicarse al trabajo de moderar y dirigir, pero vale la pena el esfuerzo. Cuando alguien en el equipo intenta desechar una idea les recuerdo que no hay que ‘matar’ ideas. Los resultados se notan cuando alguien basándose en la idea de otro dice las palabras mágicas buscadas: “y si…”. “Y si además hacemos esto o aquello”, “y si en lugar de eso hacemos esto”, “y si combinamos eso con aquello”, o cualquier frase parecida. Eso son las ‘ideas trampolín’ en acción.

Nunca deseches una idea, alguien más la puede usar como ‘idea trampolín’.