Paulo Flores D’Arcais, autor de El desafío oscurantista, escribe hoy en El país
sobre la responsabilidad de Wojtyla y Ratzinger en el encubrimiento de
la pederastia dentro de la iglesia. Rescata la Instrucción de 1974 que
reglamenta el Secreto Pontificio. Cardenales, obispos, prelados
superiores, oficiales mayores y menores, consultores y el personal de
rango inferior deben guardar secreto sobre, entre otras cosas, la
pedofilia eclesiástica.

Ratzinger pretendieron e impusieron que los crímenes de pedofilia
fueran tratados exclusivamente como pecados, en vez de como delitos, o a
lo más como "delitos" de Derecho Canónico. Si el actual Pontífice ha
entendido de verdad el alcance de la "suciedad" y la necesidad de
combatirla puede demostrarlo de un modo muy sencillo: derogando
inmediatamente con un "Motu proprio" las tristemente célebres
"Instrucciones" que apelan al "secreto pontificio" y sustituyéndolas con
la obligación de denunciar inmediatamente ante las autoridades
judiciales cualquier caso.